Leed atentamente los siguientes textos y completad las tareas de la actividad 1 en la hoja de respuestas:
Texto 1

Cruzó la esquina de la calle Nassau y se detuvo delante de la vidriera de Yates e hijos, apreciando los anteojos de larga vista. (…)
Bajo el pórtico de la oficina central del correo los limpiabotas llamaban y lustraban. Estacionados en la calle North Prince los coches bermellones del correo de Su Majestad, llevando a los costados las iniciales reales.

Escrito por James Joyce en su novela Ulises.


Texto 2

El guardia Julio García Morrazo lleva ya una hora paseando por la calle Ibiza. A la luz de los faroles se le ve pasar, para arriba y para abajo, siempre sin alejarse demasiado. El hombre anda despacio, como si estuviera meditabundo, y parece que va contando los pasos, cuarenta para allí, cuarenta para aquí, y vuelta a empezar. A veces da algunos más y llega hasta la esquina.

Escrito por Camilo José Cela en su novela “La Colmena”.
Texto 3

Era tres años mayor que yo y me caía muy bien. Tenía el índice de inteligencia más alto de todo el colegio y una cultura enorme. Se me ocurrió que podíamos cenar juntos y hablar de algo un poco intelectual. A veces era la mar de informativo. Así que le llamé. Estudiaba en Columbia y vivía en la Calle 65 (…) Me dijo que podíamos tomar una copa juntos a las diez en el Wicker Bar de la Calle 54. Creo que se sorprendió bastante de que le llamara.

Escrito por Jerome David Salinger en su novela “El guardián entre el centeno”.


Texto 4

Estaba amaneciendo y un filo de púrpura rasgaba las nubes y salpicaba las fachadas de los palacetes y caserones señoriales que flanqueaban la avenida Tibidabo. El tranvía reptaba perezosamente entre neblinas. Corrí tras él y conseguí auparme en la plataforma trasera bajo la mirada severa del revisor.

Escrito por Carlos Ruiz Zafón en su novela “La sombra del viento”.
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Texto 5
Todos se sosegaron, que ya estaban algo sobresaltados, y Monipodio salió a la puerta, donde halló al alguacil, con el cual estuvo hablando un rato, y luego volvió a entrar Monipodio y preguntó:
-¿A quién le cupo hoy la plaza de San Salvador?
-A mí -dijo el de la guía.
-Pues ¿cómo -dijo Monipodio- no se me ha manifestado una bolsilla de ámbar que esta mañana en aquel paraje dio al traste con quince escudos de oro y dos reales de a dos y no sé cuántos cuartos?
-Verdad es -dijo la guía- que hoy faltó esa bolsa, pero yo no la he tomado, ni puedo imaginar quién la tomase.
-¡No hay levas conmigo! -replicó Monipodio-. ¡La bolsa ha de parecer, porque la pide el alguacil, que es amigo y nos hace mil placeres al año!

Escrito por Miguel de Cervantes en su novela ejemplar
“Rinconete y Cortadillo”.